El alperovichismo transita, desde que empezó el año, por un cuadro de orfandad lapidario. Ministros, legisladores, intendentes y concejales sienten un vacío que, a la vuelta de casi nueve años de esta gestión, nunca habían experimentado.
Algunos están aturdidos y desorientados. Y ese estado de confusión se percibe, fuertemente, en la Legislatura. Hay oficialistas que aún se pierden por los claustrofóbicos pasillos del lujoso pero poco práctico nuevo edificio, estrenado hace ya cuatro meses. Y no es una metáfora, aunque bien valga para ilustrar la realidad de un bloque que muestra fisuras más características de un año electoral que de un período de transición. El escándalo del caso "López" es un canto al pedido de auxilio que gritan desde la Cámara. La última sesión del cuerpo fue el 10 de mayo. Es decir, hace ya 42 días. Y la próxima será el miércoles, si es que la Corte Suprema de Justicia destraba la designación de Diego López Ávila como fiscal -supeditada a la suerte del amparo judicial presentado por el enemigo público de moda del alperovichismo-.
Es extraño que, en la tierra en la que todo se hace o deshace porque quiere, cuando quiere y como quiere una sola persona, haya tanto desamparo. La sesión ya fue postergada en dos ocasiones por el oficialismo. El problema es que nadie se hace cargo porque nadie sabe cuáles son las pautas. Hasta la gestión que finalizó en octubre, los interlocutores con la Casa de Gobierno eran los mismos: los históricos Roque Álvarez, José Cúneo Vergés y Sisto Terán, por nombrar algunos. Pero para su tercera etapa, Alperovich llenó las bancas de puros. Y con tanto menjunje acabaron todos mareados. Los "viejos" recelan a los "nuevos", como Guillermo Gassenbauer, Ramiro González Navarro, Marcelo Caponio y Gerónimo Vargas Aignasse. Pero hasta entre los "nuevos" se hacen zancadillas cada vez que pueden. El ejemplo de descalabro es la reforma del Código de Contravenciones: todos los peronistas de la comisión de Seguridad firmaron un proyecto a espaldas del presidente de ese grupo, Vargas Aignasse. En medio de tanta descompensación, Alperovich puso el gancho -vía Gassenbauer hijo- en el proyecto de La Cámpora; por lejos, la iniciativa con la que la Casa de Gobierno menos concuerda, al menos ideológicamente. Algunos, dicen, para mimar a la Rosada, pero otros mal pensados sugieren que fue un mensaje para Vargas Aignasse.
Desde la conducción del bloque reniegan porque los "nuevos" no los respetan, y los "nuevos" le demandan a Alperovich que nadie los conduce. Entre tanto desconcierto, desde la Legislatura sostienen que a los operadores del PE en la Justicia se les escapó la tortuga en el "caso López", pero desde la Casa de Gobierno se atragantan por la falta de reflejos de sus legisladores. Para colmo, de los almuerzos sectoriales de la bancada Tucumán Crece para reordenar el rebaño siempre surgen nuevos reclamos: los "nuevos" ningunean a los "viejos" y algunos otros sostienen que la causa de tantas desavenencias son los interlocutores con el PE. Es decir, Regino Amado y Armando Cortalezzi. "No hacen que se nos respete", refunfuñan.
¿Cuál es el origen de tanto alboroto? Quienes más conocen el minuto a minuto del poder afirman que, desde que a la senadora Beatriz Rojkés la hicieron tercera autoridad del país, allá por diciembre, Alperovich presta más atención a los noticieros de Buenos Aires que a los dramas de entrecasa. Lo perciben ausente, y ellos se sienten huérfanos. El gobernador no es un hombre acostumbrado a dejar que el poder se le escurra. Quizá por ello haya decidido gozar de una luna de miel junto a su esposa en Estados Unidos. Un viaje, que, para muchos, puede dar por terminado el período de orfandad en el oficialismo.